Nuestra historia

Nuestra historia de amor le da vida a este sueño: uno que nace de nuestras raíces, de la tierra que nos inspira y del deseo profundo de compartir un café con historia.

  • Cómo nos conocimos

    Cómo nos conocimos

    Nos conocimos trabajando juntos en un proyecto que fue, al mismo tiempo, muy especial y muy desafiante. Solo la voluntad de Dios pudo hacer que ese encuentro prosperara. Cuando estábamos juntos, sentíamos que ya nos conocíamos de antes. Nos era familiar. No queríamos separarnos.

  • Cuando empezó nuestro amor

    Cuando empezó nuestro amor

    Lo que sentíamos era innegable, pero nuestro amor tuvo que nacer en silencio. Nuestros primeros momentos juntos fueron en cafés de Nueva York, lejos del ruido. Fue allí donde entendimos que el café no era solo una bebida: era el lugar donde nosotros dos podíamos ser, simplemente, nosotros.

  • Un amor que muchos cuestionaron

    Un amor que muchos cuestionaron

    Nadie daba un peso por nosotros. La diferencia de edades, las circunstancias, los comentarios... todo estaba en contra. Pero el amor que sentíamos era más fuerte que cualquier opinión. Solo Dios apostó por esta historia, y nosotros también. Hoy, más de 18 años después, seguimos aquí.

  • La decisión de volver a lo esencial

    La decisión de volver a lo esencial

    Lo tuvimos todo. Pero llegó un momento en que todo lo que el mundo llama éxito no era suficiente. Queríamos algo propio, algo que naciera de los dos. Buscamos una finca y, cuando llegamos a Moniquirá, supimos de inmediato: este era el lugar. No era lujoso. Era nuestro.

  • Descubrir la vida en la tierra

    Descubrir la vida en la tierra

    Montamos un tipi. Nos bañábamos en la quebrada. La letrina era nuestro baño. Y esos fueron, sin exagerar, algunos de los mejores momentos de nuestra vida. La naturaleza nos devolvió algo que la ciudad nos había ido quitando sin que nos diéramos cuenta: la paz de ser sencillos.

  • Sembrar café con nuestras manos

    Sembrar café con nuestras manos

    El suelo de nuestra finca resultó ser fértil y óptimo para el café. Una alegría enorme nos invadió: el café siempre había sido nuestro ritual de pareja. Así que sembramos cada semilla con nuestras propias manos, una por una, con la misma paciencia con la que se cuida lo que de verdad se ama.

  • Aprender de los que saben

    Aprender de los que saben

    Quisimos hacerlo bien. Por eso buscamos al mejor. Juan Vélez Zuluaga, uno de los maestros cafeteros más reconocidos de Colombia, se convirtió en nuestro asesor. Gracias a él, cada fase del cultivo tiene el rigor y el conocimiento que un café de esta calidad merece.

  • Nace Selva Dulce

    Nace Selva Dulce

    ¿Por qué Selva Dulce? Porque nuestra finca vive rodeada de un bosque selvático virgen, lleno de fauna nativa: pájaros, mariposas, insectos, mamíferos. Y porque Moniquirá es la ciudad dulce de Colombia, tierra del bocadillo de guayaba. De esa selva y esa dulzura nació nuestra marca: amor hecho café.

  • Compartir nuestro café con ustedes

    Compartir nuestro café con ustedes

    Este café lleva más de cuatro años de amor, trabajo y aprendizaje. Hoy queremos que sea parte de tu historia también. Que cuando sirvas una taza de Selva Dulce, sientas que hay manos reales, tierra real y una historia real detrás de cada sorbo. Gracias por dejarnos ser parte de tu mesa.